Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se enfrentaron en un debate televisado, siete días antes de la segunda vuelta electoral. El encuentro fue caracterizado por acusaciones de corrupción, ataques personales y propuestas políticas contrastantes. Lula defendió su trayectoria como líder y criticó las políticas de su antecesor, mientras Bolsonaro destacó su postura contra la corrupción y su vínculo con figuras internacionales como Trump y Milei.

La disputa se centró en temas clave como la seguridad, la economía y la relación con Estados Unidos. Lula insistió en su compromiso con la transparencia y la lucha contra la corrupción, mientras Bolsonaro acusó a su rival de haber ocultado información financiera. Ambos candidatos también abordaron la situación de la seguridad pública y la gestión de la economía brasileña.

El debate se produjo en un contexto de creciente polarización electoral. Encuestas recientes muestran un empate técnico entre los dos candidatos, lo que ha generado expectativa sobre el resultado final. Además, Brasil ordenó a la empresa Meta garantizar un trato igualitario a ambos candidatos, con una multa elevada en caso de incumplimiento. Esta decisión judicial refleja la importancia del debate en la campaña electoral.

El contexto político se ha visto influenciado por la historia reciente del país, incluyendo la prisión de Lula por supuestos delitos de corrupción y la presencia de Bolsonaro en la política como líder del Partido Republicano. La elección representa un punto de inflexión para Brasil, con implicaciones en la dirección del país durante los próximos años.