El presidente en funciones, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, principales candidatos a la presidencia, disputan la primera vuelta electoral en un clima de tensión. Ambos candidatos intensifican sus ataques y acusaciones en la recta final, según informes de medios locales. La campaña se desarrolla bajo la sombra de medidas de seguridad que han llevado al cierre temporal de sedes diplomáticas de Estados Unidos y Australia, debido a preocupaciones sobre la seguridad en el periodo electoral.
La suspensión de servicios consulares por parte de Estados Unidos, a dos días de las elecciones, ha sido denunciada por el Partido de los Trabajadores, que la califica como una "injerencia inédita". El dirigente Edinho Silva advierte sobre el riesgo de presiones externas en la contienda electoral. A su vez, se ha abierto una investigación sobre una posible financiación estadounidense de iniciativas de derecha en Brasil, lo que ha generado controversia en el ámbito político.
La jornada electoral también se ha visto afectada por el rechazo de los plantones de Lula y Bolsonaro, que han impedido la realización del último debate presidencial previsto. Esta situación ha generado críticas y ha marcado un punto de inflexión en la campaña electoral. Mientras Lula, con 80 años, busca su reelección, Bolsonaro, hijo del ex presidente, intenta aprovechar la ola conservadora regional impulsada por Donald Trump.
La elección, que se celebrará el domingo, representa un momento crucial para Brasil, donde la polarización política y las presiones externas se entrelazan en un contexto de incertidumbre. La disputa entre los dos candidatos se ha convertido en un reflejo de las tensiones internas y las influencias externas en la política brasileña.




























